El Seat Ibiza de mi padre era pesado, tan pesado que intentar aparcarlo era como mover un camión sin dirección asistida. Era de color blanco, con una elegante línea azul lateral y, por supuesto, motor system Porsche. En comparación con el Seat 127 de segunda mano que jubiló era un gran paso para la familia. La quinta generación del modelo superventas de la marca española que nació hace 30 años y fue clave en el relevo de Fiat a Volkswagen está ya prácticamente a punto en las salas secretas del Centro Técnico de Martorell.