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26/1/16

El pinchazo de la burbuja de emisiones y consumo irreales de los vehículos

La época de los 'golden cars' tiene los días contados. En el argot del automóvil, los coches de oro son los que preparan los fabricantes de automóviles para obtener los mejores resultados en las pruebas de laboratorio de emisiones de gases y de consumo. Las investigaciones puestas sobre la mesa a raíz del 'dieselgate' han pinchado la burbuja irreal que construía una ficción para camuflar la contaminación y el consumo de carburante reales de los vehículos. 



Las marcas de automóviles han exprimido al máximo un marco legal anticuado y permisivo de unas autoridades que se movían siempre mirando a la poderosa industria de la automoción. Con los 'golden cars' y unas condiciones óptimas ampliamente conocidas por los fabricantes, los nuevos modelos obtenían unos resultados de emisiones de gases y de consumo que son imposibles de igualar en la vida real. Eran trampas legales, a diferencia de las que decidieron instalar en sus motores diésel algunos ingenieros y directivos de Volkswagen para no tirar por la borda sus inversiones. Legales sí, ¿pero éticas?

Un reciente estudio de la entidad que ayudó a destapar el dieselgate, el ICCT (International Council on Clean Transportation), ha cuantificado en un 36% la desviación en el consumo real de los coches en relación con el que registraron sus coches de oro y que aparecen en los catálogos publicitarios como argumento de marketing para atraer a compradores. Si bien es cierto que en general ha habido una reducción del gasto de gasolina y gasóleo en los últimos años, también es cierto que ha sido mucho más modesto que el dato oficial.  


La connivencia entre políticos timoratos e industria en busca de margen de beneficio se rompió hace unos años en Estados Unidos, donde las agencias del Gobierno para la seguridad y el medio ambiente no han dudado en imponer importantes multas a marcas de automóviles por riesgos para los pasajeros o peatones o por no cumplir con los valores de consumo homologados. El estudio del ICCT cuantifica un secreto a voces que yo mismo denuncié en un post de 2012 en que me aventuraba a cifrar en un 20% el exceso de consumo de mi coche.   

La pelota está ahora en el tejado de la Comisión Europea y de los gobiernos de la UE, cuya política se ha visto desbordada por las peticiones de los directivos de la industria que se han visto obligados de dar uno o dos pasos adelante para recuperar la confianza de los consumidores. Como el presidente de Volkswagen, Matthias Müller, que ha asegurado en una recepción ofrecida a europarlamentarios y miembros de la Comsión que "las amplias discrepancias de toda la industria entre los resultados de las pruebas oficiales y el consumo real ya no son aceptadas y ya no son aceptables". Es una buena conclusión, aunque ha tardado mucho en llegar a ella.

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