Cuando conducimos un coche, vamos convencidos de que todo los sistemas del vehículo tienen que funcionar a la perfección. Pero no somos conscientes del camino que ha seguido el coche hasta que esos sistemas recibieran el visto bueno después de múltiples pruebas. Tampoco somos conscientes de los riesgos derivados de esas pruebas a los que se someten los conductores y técnicos encargados de comprobar el funcionamiento de los vehículos.