Ninguno de los escándalos o de las llamadas a revisión del sector del automóvil han tenido la velocidad del Dieselgate o del Volkswagengate. Quizá por eso la reacción del grupo alemán ha sido tan torpe, a pesar de las enseñanzas de otras marcas afectadas por problemas masivos con sus coches como Toyota y General Motors. Sin embargo, Volkswagen tiene suerte ya que los consumidores no han dejado de comprar sus coches, tal como les pasó a Toyota y General Motors con sus fallos de seguridad.